BRUME
SONIDOS PARA QUIENES NO SOLO SABEN OIR

No muchos datos -mas allá de los biográficos- hay de Brume. Esta escasez que, arriesgando, deberá atribuirse a una reticencia de los mismos por parte de Christian Renou (aka Brume) se ve contrarrestada por un fluir irremisible de información sonora, dicho esto por la que se presenta a nuestros oidos cuando nos abrimos a la escucha de una de sus obras y también por la cantidad de cassettes/vinilos/cd's que este artista francés lanzó desde 1985 a la fecha.
El presente es tan fugaz tan veloz que al concluir de pronunciar esa palabra ya dejó de pertenecer a él y solo nos quedará un recuerdo fresco beneficiado por la inmediatez de ese nombramiento pero destinado a la rápida erosión y traspapelamiento en el caprichoso universo de la memoria.
En Brume el presente es un valor absoluto. En su música los acontecimientos se superponen sin solución de continuidad y captan la atención con calidad magnética produciendo la mas inmediata (al menos en mi percepción) erosión y traspapelamiento en favor de una, diría, devoción por lo que está fluyendo, un placer por navegar el canal audible que densamente este músico sabe poblar con una gran variedad de texturas sonoras que van desde voces (siempre en francés) procesadas o sin procesar hasta percusiones sincopadas construidas ad hoc, sintetizadores, flautas, otros vientos, jugetes, cintas, layers, objetos, drones, etc, etc, etc, y tocando instrumentos corrientes de una manera idiosincrática en una construcción donde la cacofonía y los cambios abruptos estallan la continuidad sonora para abrir nuevos campos con otros elementos en él.
Mezclando así ruidos concretos con todos estos elementos Brume siempre logra despegar y producir una maravillosamente extraña, personal y subyugante forma musical.
Tengo miles de kilómetros hechos en tren y algo que me surge y con lo que quiero comparar a la música de Brume es con la experiencia del paisaje visto desde la ventana del bólido. Allí el que mira y su mirada están cruzados por varias velocidades.
Una velocidad, en la que estamos incluidos, es la velocidad del tren que "nos lleva", y es una velocidad hacia adelante. Otra velocidad es la del paisaje que "fuga" y rompe en el duro marco de la ventana. A su vez dentro de la del paisaje hay otra velocidad (o varias mejor dicho) dependiendo de donde posemos la mirada, cuanto mas cerca del tren o mas vecina al horizonte.
Y otra es la velocidad en la capacidad de aprehensión de nuestra mirada, lo que vemos y alcanzamos a racionalizar es una parte sino ínfima si bastante menor de lo que realmente ese paisaje o panorama nos puede ofrecer.
La música de Brume ofrece mucho, es muy vasta, por eso siempre que vuelvo a uno de sus discos por mas que ya lo haya escuchado varias veces siento que quizás sí, estoy frente a la misma ventana, pero sin duda que apreciaré otras cosas de aquel vasto panorama que Christian Renou sabe ofrecer.
Escrito x El Topo
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