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7. La paradoja de la guerra de fin de milenio es que nos enfrenta al sin sentido del discurso; abrumados por los dispositivos de una modernidad que gira anárquicamente sobre sí misma, fluyendo de instante en instante sin encontrar ningún tipo de proyección que logre sustraerse al imperio de lo efímero, hemos quedado huérfanos de palabras que se muestren como capaces de decir algo cierto respecto a lo que está aconteciendo. La guerra tecnológica nos deja sin habla, del mismo modo que la dilución del concepto de justicia impide que podamos expresar nuestra indignación sin caer en el mero formalismo del humanitarismo pusilánime, de la congoja por el sufrimiento abstracto y mediático de un pueblo paria. El borramiento de sentido nos lleva directamente a las sombras de la noche en la que todos los gatos son pardos y en la que la inteligencia apenas si alcanza a balbucear incoherencias y peor aún, se apresurará a justificar los designios totalitarios del poder universal. De la guerra de los Balcanes solo podemos decir que constituye una oscura amalgama en la que se entremezcla tecnologías destructivas y vacías con declamaciones fundamentadas en los derechos humanos. Pero también se presenta, para quien intente mirar un poco más profundamente, como el laboratorio en el que se ensayan algunos de los métodos de control, de supresión, de concentración, de movilidad y de homogeneidad que el siglo veinte le dejará en herencia al siglo venidero. Sin un otro a la vista que pueda llenar de contenido a mi eticidad, la sociedad marcha independientemente de cualquier otra finalidad que no sea la infinita reproducción de la lógica absoluta del mercado. La dramática autonomización de los medios respecto al fin (ya ampliamente destacada por los pensadores clásicos de la sociología), la desaparición de cualquier horizonte de referenciladad que pueda orientar la marcha de nuestra civilización, hace de la guerra actual en cualquiera de sus expresiones, algo inclasificable e injustificable salvo desde las coordenadas del poder dominante y avasallador. Occidente ha concluido un itinerario signado por el predominio de la racionalidad instrumental, su cristalización histórica acaba en el despliegue de una violencia que funciona como gendarme sea en su encarnación "democrática" de la OTAN o en su cara nacionalista serbia. Esto debe quedar absolutamente claro: Milosevic, y sus políticas de "limpieza étnica" no son ajenos a la trayectoria de occidente. Lejos de representar una exterioridad malsana y amenazante, el nacionalismo serbio se ha nutrido de la propia modernidad occidental y, por supuesto, de la depauperada democracia que ha dejado de legitimar, en el seno de la ciudadanía yugoslava, sus iniciativas bioplíticas. La noche de la barbarie que hoy se ha desatado sobre el Kosovo lleva la marca de una historia entrañablemente unida al despliegue de una racionalidad cuya única base de sustentación ha pasado a ser el universo ciego de la técnica. La discusión alrededor de los derechos humanos ha servido para que la finalidad de lo supuestamente ético haga efectivamente posible la prepotencia de las tecnologías destructivas. Seria hasta gracioso sino fuera por el horror de la muerte de miles de seres humanos, escuchar a los generales de la OTAN y su secretario general, un socialista español, esgrimir los argumentos de los derechos humanos de un pueblo que jamás les interesó, y que, apenas acabado este conflicto, desaparecerá de su agenda y de los medios de comunicación. No estaría de mas siguiendo el argumento de las intervenciones contra los actos de genocidio, bombardear las bases militares del ejercito turco que, como todo el mundo sabe, ha perseguido sistemáticamente a la minoría kurda. Lejos de eso los países miembros de la OTAN han facilitado la vergonzosa captura ilegal del principal dirigente de la resistencia kurda acusándolo de terrorista. El idiotismo moral de la comunidad internacional es homologable a la moralidad del americano medio que mientras come una hamburguesa hace zapping y observa cómo sus buenos muchachos juegan a la guerra.
8. ¿Puede sorprendernos que el siglo veinte se cierre reproduciendo lo peor de sí mismo?; ¿no deberían motivar los terribles acontecimientos que hicieron de los Balcanes una tierra asolada por la barbarie, de Sarajevo a Kosovo, la urgente necesidad de revisar nuestros mitos autoexculpatorios, aquellos que han contribuido a mantener nuestras conciencias "limpias" de responsabilidad?; ¿es posible que los argumentos cargados de hipocresía de Clinton y Blair y compañía puedan ser los que hoy representan el espíritu bien pensante del progresismo?; ¿era esta la tercera vía proclamada por la socialdemocracia europea después de sus triunfos en Inglaterra, Francia y Alemania? La apelación a la democracia, a los derechos humanos y al orden racional no hace mas que destacar la transfiguración de esos dispositivos ilustrados en instrumentos de las nuevas formas del totalitarismo contemporáneo. El fracaso en toda la línea de las ilusiones proyectadas por el espíritu de la ilustración sobre las acciones de estos dos últimos siglos nos confrontan con la barbarie de una racionalidad desprendida de toda otra finalidad que no sea la signada por el más vil de los pragmatismos, aquel que emana de las exigencias inhumas del mercado y de sus agentes. Las formas actuales de la guerra, más allá de expresar nuevamente la violencia intrínseca de la sociedad humana, su permanente necesidad de víctimas propiciatorias, nos muestra la profunda integración entre economía y técnica, entre estado y militarización.
9- En un libro reciente, cuya lectura se vuelve insoslayable en esta época, Giorgio Agamben va dibujando, desde las antiguas formas del derecho romano la figura del homo sacer, del hombre matable pero insacrificable, criatura desprovista de todo derecho al que puede asesinarse sin que el asesino pueda ser juzgado ya que la misma ley crea las condiciones de su exculpación. Detrás de la investigación erudita del filosofo italiano lo que subyace es la presencia continua, en la historia de occidente per intensificada en la institución de la soberanía y el Estado modernos, de esa figura del homo sacer que ha dejado de ser una nota al margen del arcaico derecho romano para venir a representar la tragedia de las políticas concentracionarias propias del siglo veinte, políticas que se basan precisamente en la posibilidad de matar sin penalización alguna de todos aquellos que son homo sacer, hombres-parias, masas extranjeras reducidas a la nada por las estrategias del exterminio. Para las huestes de Milosevic los albanokosovares son la nuda vida, el lugar que debe ser vaciado sin que los responsables de ese acto puedan ser acusados de nada, salvo de hacer posible el despliegue de la razón de estado fundada en la biopolítica. Pero para las fuerzas de la OTAN también rige la dimensión jurídica del homo sacer, de aquellos civiles que por el "error" son despedazados. De todos modos, y siguiendo en esto también a Agamben, lo trascendente de la intervención militar de la OTAN es que a partir de un estado de excepción funda el nuevo derecho haciendo trizas el anterior; y esta fundación reúne dos de sus principales elementos: la violencia fundadora y la muerte sin castigo del homo sacer. Así como las fuerzas aliadas no hicieron absolutamente nada para impedir el exterminio de los judíos por parte de los alemanes durante la segunda guerra mundial, lo que actualmente hacen para impedir el exterminio de los abanokosovares apuntala la política de limpieza étnica del estado serbio, forzando la migración masiva de aquellos a los que supuestamente venían a defender. Milosevic, gracias a los bombardeos de la OTAN, pudo intensificar la depuración de Kosovo y multiplicar en cientos de miles a los nuevos refugiados sin destino. (...) Pero no solo la población de Kosovo se ha vuelto literalmente matable (tanto por las tropas serbias como por las bombas occidentales), sino que una gran parte de la humanidad se ha convertido en homo sacer de las nuevas formas de la biopolítica y del orden económico mundial. Allí donde las fuerzas militares de EEUU han intervenido (Somalia, Rwanda, Kosovo) lejos de impedir la consumación de los genocidios no han hecho otra cosa que favorecer su realización. Cientos de miles de asesinados, millones de refugiados convertidos en parias atestiguan, con su inmenso sufrimiento, el precio que la humanidad está pagando no por los supuestos "errores" de cálculo de las potencias occidentales sino, más grave aún, por la efectiva implementación de un orden mundial fundado en una transgresión -en la experiencia de la guerra yugoslava es de una evidencia inconstrastable- del derecho internacional y por la autonomización de las tecnologías militares y de las acciones determinadas por una finalidad sin otro destino que la perpetuación del dominio. La razón tecnocrática ha consumado su propio periplo, ha dado una nueva vuelta de tuerca a su girar sobre sí misma con absoluta independencia de las necesidades de los seres humanos, exclusivamente dirigida a la realización de su propia esencia. Las excusas humanitarias resultan insustanciales a la hora de apreciar la dramática autonomía de los medios técnicos que entramados en los dispositivos de la bioplítica están configurando los límites de la vida de los habitantes del planeta y de su potencial eliminación.
10. Trasladados al escenario argentino las formas de la biopolítica y las transgresiones permanentes a la ley están haciendo su trabajo con un celo digno de mejor causa. La multiplicación de las formas de violencia cotidiana, particularmente de aquella que se derrama desde los sectores marginados hacia las clases medias, violencia que es continuamente recogida por los medios de comunicación y convertida en el centro de la vida nacional, está generando una demanda de radicalización de las acciones represivas y redefinición del mapa social del país en el sentido de destacar aquellos lugares que deberán ser literalmente sometidos al control represivo de las fuerzas policiales. En algunos casos se está pidiendo un verdadero "estado de excepción", un salirse de la ley para eliminar a los criminales y a todos aquellos que en el futuro puedan venir a engrosar sus filas. Limpieza social, guerra policial contra los habitantes de las villas miserias, proliferación de escuadrones de la muerte amparados por un manto de impunidad y de seudo legalidad, gatillo fácil, y el Estado volcado a resolver, desde una perspectiva de guerra civil encubierta, las demandas de seguridad de las clases acomodadas de una sociedad profúndamente signada por la desigualdad. El pobre puede convertirse, y en algunos casos ya se ha convertido en homo sacer. Así como en la democrática sociedad norteamericana uno de cada cuatro ciudadanos negros está en prisión y uno de cada cientocincuenta habitantes es parte de la población carcelaria que se expande cada vez más, en la Argentina parecería ser que el destino prometido para lo pobres, cuando no se han convertido en homo sacer de las fuerzas represivas, es caer en las redes del sistema penitenciario. Doble demanda que surge de una sociedad cada vez más dislocada y perversa: represión y encarcelamiento. Frente a esta oscura exigencia de la que el Estado desea hacerse cargo no se perfila una alternativa que, pueda enfrentar los signos de la época. (...) En el caso argentino, diferente a lo que ocurre en Kosovo porque no se trata de "limpieza étnica", lo que aparece es la reducción del pobre a la condición de criminal en potencia, lo que lo lleva a componer, como posibilidad real, la figura del homo sacer. La vieja lucha de clases nunca concluida, asume hoy la forma de inmensas franjas de la sociedad descartables que sólo tienen para oponerle a su destino de marginalidad las formas salvajes de una violencia destemplada, y, frente a esos modos primitivos y sangrientos de enfrentamiento con una sociedad inhumana y aniquiladora , lo que surge es a la vista un Estado represivo fundado en la violencia policial y la ampliación del sistema carcelario que amenaza con devenir en la figura siniestra del campo de concentración. Las formas de un totalitarismo de nuevo tipo (con masas mediáticas, fetichismos consumistas, liberalidad informativa, crítica académica y bienpensante, democracia institucional y banal, ocio placentero, etcétera, etcétera) encuentran en el drama de Kosovo su perfil anticipatorio, del mismo modo que también hacen lo suyo los incesantes reclamos de mayor represión de las capas medias cuya única preocupación es su propia tranquilidad, bienestar y seguridad.
Ricardo Forster (extracto de "Kosovo... yo argentino"
Pensamiento de los confines. Nš 6. Aņo 1999.