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(...) Un artista, un escritor, un filósofo, como tal sólo es responsable con respecto a la pregunta: ¿qué es la pintura, la escritura, el pensamiento? Si le dicen: su obra es ininteligible para la mayoría, tiene el derecho, tiene el deber, de no tener en cuenta la objeción. Su destinatario no es el público, y diría, ni siquiera la "comunidad" de los artistas, escritores, etc. A decir verdad, el no sabe quién es su destinatario, y esto es ser un artista, un escritor, etc: lanzar un "mensaje" en el desierto. Tampoco sabe quién es su juez ya que, haciendo lo que hace, cuestiona también los criterios en pintura, literatura, etc. Y al mismo tiempo los límites que determinan los campos reconocidos, los géneros, las disciplinas. Digamos que experimenta. No trata, en modo alguno, de cultivar, educar o formar a nadie. Toda inclinación a someter su actividad a las posturas culturales le parece con razón inadmisible. (...)
J-F. Lyotard