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(...) La dinámica sobre nosotros mismos quedó a cargo de una aluvional modernización tecnocomunicativa, cada vez más envidiable y eficaz, que dejó muy atrás que un espacio otro de cultura en lo social pueda ser sitio donde una conciencia argentina discuta contradictoriamente sus contornos y pueda verse a sí misma. Una televisión ultracompetitiva en su irredenta vacuidad y su nada más que "humor descreido", los diarios culturalizados que se agarrotan de todos los temas en flotación y a dos mil caracteres cada uno, y una afiatada publicidad costumbrista donde las grandes firmas capitalistas nos cuentan diariamente nuestra vida en grotesco, postvanguardia, new age y donde los adolescentes y jóvenes suelen encontrar el lenguaje de la época que les habla de lo que realmente significan las cosas, construyen el nuevo y único espacio no ya de entretenimiento y oferta, sino cultural, intelectual, de verificación y comprensión del mundo. Neobarbarie que no solamente nosotros padecemos, pero sí, en nuestro caso, sin contrapartida. (...)
Nicolás Casullo