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No creo que seamos un pueblo tan indigno que merezcamos un tratamiento vejatorio de la dignidad humana. Creo que en nuestros orígenes tenemos gravísimos pecados contra la naturaleza de que no nos curaremos si rehusamos entrar a la comprensión honrada de nuestra historia colonial y posterior, si existe; creo que todo aquel que sale a buscar soluciones hechas para aplicárnosla como camisa de fuerza, o que cierra los ojos ante la verdad y quiere seguir sosteniendo en vigor los sofismas de los que odian secretamente al país, y por eso proclaman que todo en él es grande "y parecido a lo que ya hace muchos años que se pudrió en Europa", no son simplemente seres equivocados, sino canallas encorados en cuyo interior hay un propósito de lucro ilegítimo.

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Recuerdo estas grandiosas palabras de Ganivet: "Someter a la acción de una ideología invariable la vida de pueblos diversos, de diversos orígenes e historia, sólo puede conducir a que esa ideología se transforme en una etiqueta, en un rótulo, que den una unidad aparente debajo de la cual se escondan las energías particulares de cada pueblo, dispuesto siempre a estallar, y a estallar con tanta más violencia cuanto más largo haya sido el período de silencio. La filosofía más importante, pués, de cada nación, es la suya propia, aunque sea muy inferior a la imitación de extrañas filosofías; lo extraño está sujeto a alternativas, es asunto de moda, mientras lo propio es permanente: es el cimiento sobre el que se debe construir, sobre el que hay que construir cuando lo artificial se viene abajo.

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Quien en presencia de nuestras multitudes arrastradas por impulsos bastardos no vea que en lo profundo vive una gran ansia de justicia y de sacrificio que no ha encontrado sus formas adultas de expresión y acción; quien pretenda imponer a esta realidad una norma que consulte un apotegma de carácter filosófico y no un estado de vida que es menester comprender, yerra y fomenta el caos. Los héroes de nuestro pueblo, entonces tan caótico como el de ahora, hicieron una grande realidad porque sacaron su ideal del seno de él y no se lo impusieron desde afuera. En esta masa humana hay también un caudal riquísimo de fuerza y de grandeza; no podrá tener otra forma que la que corresponde a su ser y hay que servir con humildad a su desarrollo, porque está gestándose para surgir al mundo del aire y de la luz.
Ezequiel Martinez Estrada.
Extractos de "La cabeza de Goliat"